Reflexión Santa Misa
8 de noviembre
Textos de la Palabra:
Rom 15, 14-21
Sal 97, 1-4
Lc 16,1-8
1 – La ciencia del saber.
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Pablo en la primera lectura de
éste día, y que venimos meditando estos días, en la carta a los Romanos, nos
habla de la ciencia que se tiene para aconsejar.
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Y más allá de ser un don del
Espíritu Santo, cada uno va creciendo por diversos camino, en la ciencia
necesaria, en el saber de las cosas de Dios, con diversas motivaciones y
finalidades.
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Hoy Pablo, nos invita a
reflexionar sobre el don de la ciencia, en cuanto puesto al servicio de los
demás: “aconsejarse mutuamente”.
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La verdadera fuente de esta
ciencia de la que nos habla Pablo, es la Buena Noticia, de la cual él fuera
hecho heraldo, para llevar a los paganos a la obediencia.
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Par nosotros la enseñanza que
nos deja este primer punto, es cuál responsabilidad nos toca en el anuncio de
la Palabra, dando razones de la misma, para que otros puedan salir de su ignorancia
o encuentren respuesta fundadas a sus búsquedas.
2 - Hablar de lo que sabemos.
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El conocimiento adquirido por
gracia de Dios y nuestro esfuerzo en la formación, que nos ha llevado a tener
la ciencia y el conocimiento necesario, no está llamado a ser sólo un bien
particular, sino también para los demás.
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Desde esta perspectiva
ministerial vive Pablo la misión que le ha sido encomendada, de llevar a los
demás a la escucha y comprensión, Palabra mediante, sobre todo allí donde el
nombre de Dios tiene que ser anunciado, invocado, comprendido y vivido.
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La misión a la que somos
llamados, conlleva el presupuesto de la formación correspondiente. Hablar con
fundamento, es lo que le dará autoridad al que es portador de la Buena Noticia.
Enseñanza: somos urgidos a la formación permanente.
3 – Un servicio a prestar.
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Es parte del sacerdocio
bautismal para todos los bautizados y exigencia indudable para los llamados a
una vocación particular, brindar el
servicio del saber a los demás.
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“La gracia que Dios me ha
dado”, dice Pablo, es para ejercer el oficio de llevar la Buena Noticia a los
demás, y esto es para él un servicio.
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Para nosotros todos poder
imitarlo, es muy importante. La ignorancia religiosa, en todo el proceso de
vida en la fe, evangelización-catequesis, es muy importante en nuestras
comunidades a veces. Y la realidad se da en que muchas veces no se encuentran
servidores (catequistas – líderes – consejeros – etc).
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El saber, gustar las cosas de
Dios, es lo mejor que nos puede pasar. Ayudar a que otro pueda hacer la
experiencia discipular para alcanzar la ciencia debida a todo buen discípulo,
es un desafío pastoral, personal y eclesial.
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Enseñanza: cuántos son tomados
desde su ignorancia, por doctrinas llamativas y extrañas, desde el medio de
nuestras comunidades, por sectas y otros que trafican con la Palabra. Somos
interpelados en nuestra misión de
maestros.